jueves, 15 de septiembre de 2016

La granja - 3 parte, la introducción


LA GRANJA. INTRODUCCIÓN

La macabra y callada procesión llegó a la plaza de lo que había sido el
alegre pueblo de Robregordo. El conde miró a su alrededor y sonrió complacido al
contemplar que la totalidad del pueblo se hallaba en ruinas y calcinado. Solamente el viejo roble se
encontraba intacto, ajeno a su entorno. Todos los intentos del Conde por dañar o acabar con
el roble habían fracasado ante el defensor que moraba en su interior, y que había
resurgido de nuevo ante la llegada de la comitiva de Orloc, y allí estaba silencioso y aguardando,
con una muda amenaza en su silueta.



Pero hoy Orloc no estaba interesado en el roble y su guardián, su propósito era otro, más oscuro y cruel. Con una orden silenciosa mando a sus leales esqueletos llevar ante él a un grupo de 10 humanos, que sollozando y gimoteando pedían clemencia. Uno a uno contempló los rostros de los humanos, que imploraban piedad en vano. El conde eligió a una bella muchacha que atrajo hacía él apartándola del resto. Mientras que el resto era atado a unas estacas clavadas en el suelo.




Llevando a la muchacha con él se acercó a sus acompañantes; Morbius,
Ophelia y Cinthia. Desde allí pudieron contemplar los cientos de cadáveres en
descomposición que cubrían el campo de batalla. Los defensores de Robregordo yacían insepultos en el suelo. Con teatrales ademanes Orloc comenzó a recitar unas oscuras letanías en la silenciosa
noche. Poco a poco los cadáveres comenzaron a moverse, lentamente se incorporaron, mientras
trozos de carne agusanada se desprendía de sus cuerpos. Silenciosamente se acercaron a
los aterrados humanos, que en vano pugnaban por escapar con todas sus fuerzas. Y una
vez llegados a ellos, comenzaron a despedazarlos con sus antiguas armas y a devorarlos aún con
vida.



La muchacha obligada a mirar no podía dejar de gritar, sumando sus
alaridos a los de las indefensas víctimas. Finalmente Orloc la liberó y la dejó huir. Ella
viéndose libre, no paró de correr sin mirar atrás.

-¿Por qué la soltaste?- dijo Morbius.

Sonriendo el conde respondió. –Ella será mi heraldo del terror en el
valle. A todos contará lo que presenció esta noche. Y empezarán a temer a la noche. Los zombis son
peores y más torpes que mis esqueletos. Pero su aspecto nauseabundo recordará los
humanos en lo que se convertirán si se oponen a mí. Y ahora mi venganza sobre el valle será
terrible, y quiero impedir que esos ilusos vuelvan a marchar contra mí, o intenten
recuperar este maldito pueblo. Lanzaré esta horda de zombis por La Acebeda para que vayan
despejando el camino ante la batalla final que se acerca.



Ranza Esoj es un adinerado comerciante del valle de Acebeda. De origen
tileano hizo una gran fortuna comerciando con los productos del valle con el resto del
Imperio, especialmente con los vinos y quesos de Robregordo.
Su residencia se encuentra en el pueblo de Acebeda, donde tiene una
intachable reputación de moral recta e inflexible con la gente dada a los vicios. Es uno de los
pilares morales de la comunidad, aunque a veces llega a extremos muy estrictos con su
intolerancia a los placeres carnales, por muy castos y puros que puedan parecer.



Pero en verdad todo es fachada y apariencia. Ranza es un rijoso putañero
desenfrenado, que se ocupa muy bien de ocultar sus secretos vicios. Por este motivo, junto
con su escolta personal de confianza liderada por el capitán Frantriste, se ha acercado
al nuevo burdel del valle, para pasar un fin de semana de desenfreno y lujuria. Este nuevo burdel está regentado por Madame Giselle, que se asoció con
Fabián. Ambos vecinos del pueblo de Robregordo, que tuvieron que abandonar el pueblo y
sus pertenencias después de los tristes acontecimientos acaecidos hace seis meses. Por lo
que decidieron aunar sus esfuerzos y juntos ahora regentan una antigua granja convertida en
posada y taberna con unas habitaciones reservadas. Pero lo que no sabe Ranza, que está disfrutando de los placeres de las chicas de la Granja, que un silencioso e implacable terror se acerca a la Granja.

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